Detrás de cada frasco de PUELO hay una historia que empieza mucho antes que nuestra marca. Es la historia de una planta que la Patagonia conoce desde siempre.
Un saber que viene de lejos
Mucho antes de que existiera la palabra “dermocosmética”, los pueblos originarios del sur de la Patagonia ya conocían la rosa mosqueta silvestre. Usaban su fruto para calmar e hidratar la piel y para ayudar a cerrar heridas. Era medicina de la tierra, transmitida de generación en generación, mucho antes de que ningún laboratorio la estudiara.
Cuando la ciencia confirmó lo que la tradición sabía
Recién en el siglo XX la ciencia se puso a estudiar en serio lo que esos pueblos ya sabían por experiencia. La Universidad de Concepción, en Chile, fue la primera en documentar sus propiedades regeneradoras. En Argentina, instituciones como el INTA reconocen hoy a la mosqueta como regeneradora de tejidos, útil en cicatrices, estrías y manchas. La tradición y la ciencia, por una vez, contando la misma historia.
Por qué elegimos Lago Puelo
Nuestra marca se llama PUELO por el Lago Puelo, en el noroeste de Chubut, uno de los lugares donde esta rosa crece de forma más generosa y concentrada. No es marketing: es literalmente de dónde viene el aceite. Cosechamos las rosas silvestres de la región y las prensamos en frío, sin refinar, para que el aceite llegue a tu piel tal como la tierra lo dio.
Nuestra promesa
En un mercado lleno de “aceites de mosqueta” que son cualquier cosa menos mosqueta, elegimos el camino de la honestidad radical: un solo ingrediente, análisis de laboratorio en cada lote, y el orgullo de un origen real. No inventamos nada nuevo. Solo cuidamos que lo que la Patagonia viene regalando hace siglos llegue entero a tu piel.
Esa es la historia de PUELO. Y ahora también es parte de la tuya.